Daniel Alvarado: El fragor del Negrito Fullero

El actor y músico falleció el pasado 8 de julio. Su legado en la televisión y el cine venezolano es imborrable.

Ángel Amado 
Instagram: @pantalladeoro
No solo el Zulia quedó consternado, sino toda Venezuela. Una especie de shock colectivo cercó al país por la muerte de Daniel Alvarado. Es bien sabido que a todos nos llegará la hora, pero cuando se trata de una figura pública, pareciera que cuanto les envuelve lleva consigo un halo de irrealidad, como si habláramos de súper humanos a quienes no les pueden suceder las cosas de los mortales.
En el caso de Dennys, como era su primer nombre, la noticia tuvo mayor impacto, pues además de ser un reconocido actor de televisión, era un gaitero de pura cepa, impulsor nato del séptimo arte, y poseedor de una familia de famosos que involucra a las actrices Carmen Julia Álvarez y Emma Rabbe, y sus hijos, los también actores Daniela y Carlos Daniel.

Humilde

Más allá de repetir todo cuanto se ha dicho ya de este ilustre hijo de la Tierra del Sol Amada nacido el 12 de agosto de 1949, vale la pena remontarse a sus orígenes humildes, a sus tiempos de carencias económicas, a la irreverencia que lo impulsó y a sus inicios que constituyen toda una epopeya a la gallardía y el progreso.
A los 9 años de edad descubrió que lo suyo era actuar. Y tanto era su claridad que su radiante paso por el Liceo Nacional Dr. Jesús Enrique Lossada lo hizo enarbolando el talento histriónico al punto que, como confesó en una entrevista radial a César Miguel Rodón, en tercero, cuarto y quinto año de bachillerato no cursó matemáticas, física ni química, ya que en una especie de acuerdo los profesores lo ampararon con un 10 a cambio de representar a la institución en las artes escénicas.
A sus precarios 12 años comenzó a cantar en locales nocturnos de una Maracaibo de principios de los años 60, movido más que por una necesidad artística de expresar su talento, por las vicisitudes económicas que atravesaba la familia Alvarado Morillo. Por eso -quizá- nunca desarrolló una prolífera carrera musical, como al público le hubiese gustado. “Cantaba para sobrevivir, lo mío era actuar”, reveló.
A los 21 años irrumpió con el Negrito Fullero, de la mano de los Cardenales del Éxito, gaita que forma parte del repertorio obligatorio de las fiestas navideñas venezolanas. También cantó con Tropicales del Éxito, Estrellas del Lago y Los Melódicos.
Estudió teatro en La Universidad del Zulia y con mucho esfuerzo llegó a la tablas en Caracas con anécdotas como las de dormir en plazas públicas a la espera de una oportunidad. Al final participó en más de 30 obras.

Entregado a la actuación

Amó con pasión la actuación, sin embargo las secuelas de la fama -sorprendentemente – le llenaban de una enorme timidez. Situaciones relacionadas con los autógrafos o las fotografías con el público, le incomodaban. Aunque siempre fue muy receptivo, seguramente, por la formidable sencillez que le definía.
Un día en el 2002 coincidí con él en el Aeropuerto Internacional La Chinita de Maracaibo, él venía de una presentación teatral con Aroldo Betancourt, Roberto Lamarca y Jorge Reyes y esperaba su vuelo de retorno a Caracas. Casualmente necesitaba contactarlo para la entrevista en una sección de iconos zulianos de una naciente revista del gremio empresarial, con total amabilidad y meridiana simplicidad se sentó conmigo, me hizo algunas preguntas y me facilitó su número telefónico. Así sin más, se puso a la orden y dio muestras del carisma y don de gente que -seguramente- ahora añoraran sus seres amados.
Más que fijarse en su rampante carrera, las mujeres que le acompañaron o la familia que dejó, las nuevas generaciones deben advertir el arrojo y determinación que tuvo este venezolano que pese a nacer con todas las limitaciones, jamás se detuvo a la hora de avanzar cada peldaño.

Eterno

Todavía retumba su potente voz con esa fastuosa melodía del Negrito Fullero, tema que lo inmortalizó en los corazones. Tal vez Eurípides Romero, autor de la gaita, sin saberlo lo describió y ahora este himno navideño, vaticinio de toda su historia, simplifica de alguna forma cómo a él le gustaría que lo recordaran: A mí me llaman Negrito Fullero porque me gusta la guachafita / cuando consigo una parrandita con todo gusto ya estoy colao / porque yo soy zuliano rajao y tengo herencia de parrandero. Un epítome que lo definirá para siempre.
Homenaje. Para honrar su carrera, el Festival de la Gaita del Zulia 2020, organizado por la Alcaldía de Maracaibo, se organiza este año en memoria del Negrito Fullero, tal como quedó en la reminiscencia colectiva.
Vanguardista. Su rostro acompañó los carteles de las principales películas de la historia del cine venezolano, Cangrejo II (1984), De mujer a mujer (1986), Macu, la mujer del policía (1987), Con el corazón en la mano (1988), Disparen a matar (1990) y Desnudo con naranjas (1994), entre otros, donde compartió con María Conchita Alonso, Lourdes Valera, Elba Escobar, Miguelangel Landa y la colombiana Amparo Grisales.

Legendario. En las telenovelas, su vínculo más cercano con el público, debutó en La Cruz de la Montaña (1974), protagonizada por quien luego sería su segunda esposa, Carmen Julia Álvarez, pero su consagración en el género le llegó en La Dueña, junto a Amanda Gutiérrez, escrita por José Ignacio Cabrujas y Julio César Mármol, calificada por los expertos como la mejor producción dramática de todos los tiempos. Trabajó en RCTV, Venevisión, VTV y Televen.

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